23 de junio de 2010

SABADO

En la Biblia se descubre el monumento conmemorativo más antiguo de la historia. Se trata de una institución establecida por Dios mismo en la primera semana de la vida del hombre, la semana de la creación; nos referimos al día de reposo semanal instituido para conmemorar la obra creadora de Dios y como recordativo permanente de que el ser humano depende de su Hacedor. Tan importante es esta institución que ella ha sido registrada específicamente como el cuarto mandamiento de la ley moral, en la cual se establece el reposo semanal.

Dice el cuarto mandamiento: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo, seis días trabajarás y harás todas tus obras, pero el séptimo día es día de descanso, consagrado a Yavé tu Dios, y no harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni tu extranjero que esté dentro de tus puertas, pues en seis días hizo Yavé los cielos y la tierra, el mar y cuanto en ellos se contiene, y el séptimo día descansó; por eso bendijo Yavé el día del sábado y lo santificó" (Éxodo 20:8-11, Versión Nácar y Colunga, decimoquinta edición de 1976).

A veces se piensa que esta institución del día de descanso fue establecida por la legislación moderna de los países civilizados. Se pierde así el hecho importante de que es tan antigua como el hombre mismo. Fue establecida por el Creador en la primera semana de vida del planeta, según lo registra el libro de Génesis: "Fueron, pues acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo de toda la obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación". (Génesis 2:1-4).

El reposo semanal prescrito por la Biblia es tan importante, de tanta trascendencia en la vida espiritual del creyente, es tal su decisiva repercusión sobre el carácter del cristiano que Dios lo ha colocado en el mismo corazón de la ley moral de los Diez Mandamientos. Y en esta época su observancia que es ignorada por la mayoría de personas que hacen profesión de cristianismo, adquiere un relieve muy particular.

A medida que vayamos examinando el contenido de este mandamiento de la ley moral de Dios, observarás que el reposo semanal, tal como se lo practica generalmente, difiere en forma fundamental de lo establecido en este precepto, tanto en el tiempo elegido para el descanso (el domingo, primer día de la semana), como en las razones de su observancia y la manera de realizarla.

Por ello, resulta de mayor interés analizar este importante problema para llegar a la conclusión correcta recurriendo a la única autoridad infalible en materia de fe religiosa: La Biblia.

La fuente de toda verdad

Existe un gran principio establecido por la Biblia misma para determinar la validez de cualquier doctrina o enseñanza religiosa. Este principio se menciona en el Antiguo testamento, y se reitera en el Nuevo. El profeta Isaías declara: “¡A la ley y al testimonio! si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido" (Isaías 8:20).

Ahora bien, de todos los Diez Mandamientos el que nos ocupa, es decir el cuarto es el más desconocido.

Cae de peso que si la ley de Dios como conjunto es tan inmutable, lo es con igual razón cada uno de sus preceptos (Santiago 2:10).

El monumento más antiguo de la historia

Existe una razón específica por la cual, al prescribir el Señor el descanso semanal, escogió un día en particular, éste es el séptimo día de la semana o sábado. El propio mandamiento lo explica: "Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó el séptimo día, por tanto Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó" (Éxodo 20:11).

En otras palabras, la observancia del sábado fue instaurada por el Señor como un recordativo permanente de la finalización de su obra creadora. Dios obró durante seis días creando, pero el séptimo día descansó.

La primera razón por la cual Dios instauró el sábado como día de guardar fue para que su observancia sirviera como monumento que recordara al hombre a través de las edades la obra creadora de Dios.

La obra creativa de Dios se manifiesta en lo físico y también en lo moral y espiritual. El mismo Dios que creó los cielos y la tierra y que formó físicamente al hombre a su imagen y semejanza, es el que realiza por medio del Espíritu Santo, la transformación del corazón y de la vida humana. Esto viene a ser una segunda creación. Por eso el apóstol San Pablo declara: "Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2 Corintios 5:17).

No es otro el motivo por el cual la observancia del sábado se convierte en una señal de conversión y santificación, hecho que el profeta Ezequiel recuerda en estas palabras: "Les di también mis días de reposo para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico" (Ezequiel 20:12).

Si el sábado se hubiese continuado observando a través de los siglos, con el verdadero espíritu en consonancia con lo que ordena el mandamiento, reverenciando a Dios como el Creador y Redentor se habría conservado el monoteísmo (adoración de un sólo Dios) auténtico, primitivo, durante todos los tiempos hasta hoy, y la historia de los pueblos no hubiera necesitado recoger el relato de largos siglos de paganismo, crueldad y superstición, ni se hubiera hundido en las modernas doctrinas de materialismo histórico, el ateísmo y la evolución, que son otras tantas formas de negar a Dios. Tampoco habrían podido florecer toda una hueste de doctrinas religiosas erróneas que mancillan las páginas de la relación del hombre con Dios.

Valiéndose de tres grandes actos de históricas consecuencias, la divina soberanía destacó la importancia de observar el sábado como día del Señor para el bien del hombre (Marcos 2:27); en primer término, Dios mismo reposó, dándonos ejemplo (Hebreos 4:10). No descansó porque estuviera cansado, puesto que él no se fatiga, sino para darle sentido y jerarquía a la institución que había instaurado. En segundo lugar bendijo el día de reposo; le asignó como contenido particular una serie de bienaventuranzas especiales que se reciben cada vez que lo observamos debidamente (Isaías 58: 13-14 ). En tercer lugar lo santificó, es decir lo consagró a un empleo santo (Lucas 23: 54-56 ). Así queda inaugurada la observancia religiosa del sábado en la primera semana de la creación de este mundo, en la aurora misma de los anales humanos.

El sábado es universal y permanente

El sábado no es una institución judaica. Nació con el hombre mismo, antes de que existiera el pueblo judío. Siguió siendo observado por siglos, antes de la aparición de Abrahán y de la entrega de las tablas de piedra en el monte Sinaí, y continuó siendo observado por Jesús (Lucas 4:16), las mujeres que le seguían, los apóstoles y los cristianos fieles de los primeros siglos. (Lucas 23: 54-56 ; Hechos 13:42,44; 15:21; 16:13; 17:2; 18:4; Apoc. 1:10; Marcos 2:28).

En Éxodo 16 se registra que durante los cuarenta años de peregrinación por el desierto, se realizaba en forma invariable un doble milagro; el maná descendía sobre el campamento y era recogido todos los días para ser preparado como alimento, no podía ser guardado de un día para otro durante los seis días hábiles de la semana, pues se descomponía. En tanto que en el sexto día, era recogido en doble medida y guardado para el día séptimo, sin que se echara a perder. El sábado desde luego no caía maná.

Esto era lección permanente y objetiva con respecto a la observancia y el carácter sagrado del sábado, día del Señor, para la humanidad entera y para todos los tiempos.

Es lógico que cuando se analiza un problema de la importancia del que nos ocupa, anhelamos conocer cuál fue la posición de Cristo mismo al respecto, pues tanto su ejemplo como su enseñanza nos resultaron no sólo aleccionadores, sino de un valor decisivo.

En primer término, ¿cuál fue la actitud de Jesús con respecto a la observancia de los Mandamientos en general? He aquí sus palabras. "Si guardáis mis Mandamientos permaneceréis en mi amor así como yo he guardado los Mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor" (Juan 15:10). Él, pues, guardo los Mandamientos de Dios, esos Mandamientos acerca de los cuales había dicho que "Ni una jota ni una tilde pasará" (Mateo 5: 17-19 ).

¿Cuál fue su ejemplo, específicamente en lo que a la observancia del sábado se refiere? Éste es el relato que hallamos en los Evangelios: "Vino a Nazaret, donde había sido criado ; como era costumbre, el día de sábado, entró en la sinagoga y levantose a leer. Y le fue dado el libro del profeta Isaías” (Lucas 4: 16-17 ).

No sólo establece este pasaje que Cristo fue el sábado a la sinagoga —la casa del culto— sino que agrega que ésta era además su costumbre. No podía proceder de otra manera aquel que, junto al Padre, había instaurado el sábado al comienzo como símbolo de su poder creador, aquel que durante si vida terrenal declaró que "el Hijo del Hombre” —ahí se denominaba a sí mismo— “es Señor (dueño) del sábado” (Mateo 12).

Los seguidores de Jesús observan el sábado

La resurrección de Jesús no cambió la observancia del sábado séptimo día de la semana por la observancia del domingo, primer día de la semana. No razonaron así los discípulos ni los apóstoles, por el contrario, todos ellos continuaron la observancia del sábado como día del Señor.

El viernes en la tarde murió Jesús en la cruz ; esa misma tarde, José de Arimatea reclamó el cuerpo del Señor y lo colocó en una tumba nueva. Era viernes en la tarde, o sea la víspera del sábado, o día de preparación.

Las mujeres que acompañaron al Salvador, hasta el Calvario nos dan una vislumbre de cómo se respetaba el sábado en la iglesia apostólica. He aquí las palabras de Lucas: "Era el día de la preparación” —o sea el viernes—, “el sábado ya rayaba. Y las mujeres que le habían acompañado (a Cristo) desde Galilea, siguieron también y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto el cuerpo. Y al volverse, prepararon especias y ungüentos; y el sábado descansaron, según el mandamiento. Mas el primer día de la semana, muy de mañana vinieron al sepulcro, trayendo las especias que habían preparado” (Lucas 23: 54-56 ).

Considerando que ese momento de tanto dolor por el Maestro, ungirlo hubiera sido la tarea más importante, acto que hubiese simbolizado la devoción que profesaban al Redentor. Pero el sol estaba por ponerse y ya no había tiempo para hacerlo ya entraba el sábado.

Según el método bíblico, el día comienza a la puesta del sol y termina a la puesta del sol 24 horas después. Por lo tanto, el sábado comienza a la hora en que el sol se pone el viernes de tarde, y finaliza al día siguiente a la misma hora (Génesis 1:5,8,13,19,23,31; Levítico 23:32). De manera que las piadosas mujeres resolvieron descansar el sábado conforme al mandamiento, esperando la aurora del primer día de la semana para ungir el cuerpo de Jesús, una obra de respeto y adoración hacia su Salvador. Tal era la importancia que revestía la observancia del sábado séptimo día de la semana como el cuarto mandamiento de la ley moral de Dios.

Años más tarde sobreviene una época de persecución que obliga a los cristianos a esparcirse por toda Judea y Asia Menor, y desde luego que con ellos se esparce también el conocimiento del Evangelio. Entre los que se incorporan a las filas de la iglesia se halla uno de los hombres más destacados de sus días. Es Saulo de Tarso, el perseguidor que se ha convertido en el poderoso apóstol Pablo, el discípulo de Cristo más culto, elocuente, persuasivo y valeroso. Él no se conforma con pregonar por Palestina y en Asia las buenas nuevas que han transformado su vida, sino que se lanza al mar para hacerlo también en Europa.

Ahora está en Grecia y llega en su gira misionera a Tesalónica, donde había una sinagoga de los Judíos. "Y Pablo, según era su costumbre, entró en medio de ellos y durante tres sábados razonó con ellos, sacando sus argumentos de las Escrituras” (Hechos 17:2).

Más tarde "Partiendo Pablo de Atenas, fue a Corinto, Y hallando a cierto judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién llegado de Italia, con Priscila su mujer..., porque era del mismo oficio, hospedose con ellos y trabajaban juntos, porque el oficio de ellos era hacer tiendas de campaña. Y razonaba en la sinagoga cada sábado y procuraba persuadir a judíos y griegos" (Hechos 18:1-4).

Estos versículos revelan que el apóstol Pablo tenía la costumbre de asistir a la casa de culto los sábados, para participar en los servicios religiosos.

Conclusión

La verdad relativa al descanso semanal del séptimo día es una de las enseñanzas más claramente establecidas en la Palabra de Dios. ¿Cómo se explica entonces que una gran mayoría del mundo cristiano observe el domingo o primer día de la semana? Esto es lo que veremos en otro tema.

El reposo semanal prescrito por la Biblia es tan importante y de tanta trascendencia en la vida espiritual del creyente, es tal su decisiva repercusión sobre el carácter del cristiano, que Dios lo ha colocado en el corazón mismo de la ley moral de los Diez Mandamientos. Y en esta época en que observancia que es ignorada por la mayoría de las personas que hacen profesión de cristianismo, adquiere un relieve muy particular.

Jesús te invita a seguir su ejemplo reposando en el SÁBADO.


Arreortua y Fuentes

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